INICIO
   
  ACTIVIDADES
   
  LA JARAPILLA
   
  ARTÍCULOS
   
  ENTREVISTAS
   
  PORFOLIOS
   
  GALERÍA FOTOGRÁFICA
   
  CONOCE QUIENES SOMOS
   
  CONTACTA CON NOSOTROS
1

"La Calle: cuatro visiones"

      Nunca ha sido fácil la fotografía en las calles y últimamente las dificultades han aumentado sea por la desconfianza que nos genera desconocer el uso posterior de nuestra imagen, sea por nuestro carácter cada vez más agresivo hacia los desconocidos, no cabe duda que se lo ponemos muy difícil a los reporteros. Recuerdo algunas fotografías de Cartier-Bresson en los Estados Unidos, hechas como al vuelo, en el breve intervalo de acción del prestidigitador, tan cerca de los viandantes que asombra la decisión del fotógrafo, su compromiso arriesgado con una realidad tangible y dolorosa que ningún otro medio gráfico acertaría a expresar con igual precisión y verismo. Admiro esas imágenes tan necesarias y también otras de Villiam Klein, Robert Frank, Miserachs o Winogrand.

autor4

Winograd - New York 1955

            Aunque hay en muchas de sus fotos un barniz artístico enjundioso, artificial y frío, Cartier-Bresson ha mostrado con acierto y vigor algunos episodios que sólo en las calles tienen un significado pleno y decisivo. En "Siena, Italia, 1933", la vista corre de una figura a otra buscando un acomodo o una identificación que le dé reposo y llene todo el espacio vacío que queda entre las personas -ocupadas o desocupadas- que van a lo suyo. Sin más elementos que la paciencia y el uso relajante y significativo del blanco puro y la mediana sombra en gris, el maestro francés ha sintetizado una época: nuestros mayores recuerdos mejor que nosotros la vida más apacible y menos confiada a las prisas de una época anterior en la que la ropa era sólo para vestirse y el sombrero era un utensilio para limitar la vehemencia del sol. Es una imagen definitiva por su sencillez, su aparente causalidad y porque, como en toda obra maestra, hay muchos mensajes implícitos y explícitos. Y también figura en el papel emulsionado la opinión de Cartier-Bresson, junto a su inteligencia y su comprensión personal de que  es el arte y cuales sus servidumbres y sus vías ara llegara comunicarse con el espectador. Y no me olvido de decir algo concreto, revelados: nuestro admirado autos francés, como Catalá-Roca en España o René Burri en Alemania, hizo esta foto con la pasión de un aficionado, con la humildad de un buen aficionado: apartándose y mostrando.

           A Xavier Miserachs le debemos algunas de las fotos más sencillas, originales e inolvidables de la fotografía española. Con una capacidad de síntesis difícilmente igualable, Miserachs nos mostró su ciudad vista desde los ojos del caminante tranquilo, dispuesto a compartir lo que carreteras y aceras pusieran a su paso (algo que, en televisión, hizo después, con sencillez y maestría absoluta, José Antonio Labordeta). Miserachs no partió en un viaje por Barcelona en busca de lo que ya conocía, diferenció su trabajo poniendo también el alma en el índice cada vez que apretaba el obturador. A diferencia de Cartier-Bresson, siempre artista y genio que se sabe genio, Miserachs viajó sin la mochila del ego y la personalidad extensible como una alfombra por quizáá su mundo aún estaba por fraguarse. De esta manera, trazó un recorrido que lindaba con la antropología y el libro de anotaciones. Fijémonos en "Calle Escudellers. Barcelona, 1963". Una escena digamos normal, en nada alterada por la presencia del Fotógrafo, con viandantes que entran y salen de los márgenes de la imagen, unos a pie, otros en moto, algunos de frente y otros de espaldas. Miserachs nos dice que la vida fluye en todas las direcciones, calle arriba y calle abajo, en un lugar en el que todos tienen la posibilidad de ser y de existir. Que uno lleve sombrero no molesta a los demás, que la estrechez de la calle en descenso haga más lenta la vida tampoco es impedimento para seguir el propio camino, que un hombre alce una máquina no hace que nadie detenga su labor. Quizá dirán que me excedo o rebusco, pero insisto en que no hay artificio, simulación ni engaño. Y si hay arte porque la sencillez de la escena, la interrelación entre los viandantes y el logro del espacio vivificados no se consiguen solo accionando un botón. Cuando algún día los antropólogos investiguen en la historia de la fotografía recuperarán imágenes como ésta y servirán a futuras generaciones a conocer mejor su pasado, a conocerse. Aquí se halla la cultura de las calles, a vida de las calles, la libertad y la proclamación del ser humano en las calles. Y solo para una foto...

autor5

Winograd - World's Fair, New York 1964

         Con Lee Friedlander las calles de repente son monumentos, obras consagradas al vacío y a la contemplación cenital o muy a ras del suelo. ¿Hay vida inteligente detrás de estas construcciones sin freno, de estos revoltijos de hormigón y reflejos de un sol que parece agotarse, pedir perdón antes de estallar y desaparecer?. Si en Miserachs las calles eran un hormiguero de vida y comunicación, un lugar para el acto comunitario y con espacio para la solidaridad, en las calles de Friedlander da la impresión de que algo acaba de ocurrir, una huida masiva o una deserción sin más causa que el agotamiento de la personalidad o de la razón. Si figuras publicitarias coronan las crestas peladas de los edificios -y no hay intención ejemplarizadora ni religión en modo alguno- para hacernos beber más o formar en todo momento, es porque estamos en una época de consumo generalizado y crisis. Y Friedlander nos enseña las calles en crisis, la decadencia pulcra y ordenada de las ciudades sin alma, el vértigo de lo eternamente visto y jamás analizado, querido o repudiado. Estamos aquí, dicen las fachadas de las calles de Friedlander, y no somos ni mejores ni peores que vosotros, los humanos: en todo caso somos iguales, porque ambos simplemente permanecemos y más tarde envejecemos y somos renovados por nuevas creaciones más brillantes y flamantes. ¿Morirá el hombre pese a haber sabido crear tantas cosas? En una foto de Friedlander, "París 1978", en la que vemos fachadas vetustas y escombros y papeles arrojados y olvidados hasta la degradación de la rotura y el paso al estado de basuras, la ciudad está al fondo, arriba, compartiendo lugar con una franja de cielo distante, inalterable, tan fría como las construcciones en las que no parece haber más habitante que el vacío. Con esta visión pesimista, coetánea con nuestras últimas emociones, nuestros fracasos, desilusiones, vencimientos, Friedlander no afea la realidad, no la ultima ni la rechaza, no la hace añicos ni nos la envía envuelta en formol. Al contrario: se queja, solitario también él en escenarios solitarios, y se parece mucho al naufrago que lanza un mensaje en una botella al mar de todos los días, apacible y violento a ratos, azul y negro según la hora, eterno y pequeño según las ganas que nos queden de vivir.

autor6

Winograd - New York , before 1976

          Las calles también pueden ser una zona a la que acercarse buscando algo concreto, seleccionando entre todo lo que nos ofrecen: Garry Winogrand eligió a las mujeres. En Nueva York, años 60, hay jóvenes con vestidos escotados, pantalones ajustados, faldas cortas; guapas y menos guapas; elegantes o elegantemente abandonadas a la moda; solas y admiradas por hombres que las miran con codicia. Winogrand observa a las mujeres en las calles y las selecciona cuando suelen ir solar: decidida y con la melena en la cara la que aprieta el bolso contra su cuerpo, melancólica y con grandes gafas y ropa ajustada la que lleva un bolso en una mano y una bolsa en la otra, en escorzo la que parece tan normal y sensual y con las cejas fruncidas al encontrarse de cara al sol o al fotógrafo, enigmática y tan parecida a una estrella la que entra en un coche con puertas brillantes. Winogrand ha paseado a su lado, entre ellas, las ha esperado o las ha seguido prudentemente, registrando un cambio importante de nuestra sociedad: se acabó la sociedad exclusivamente masculina, trabajada por y para los hombres. Ellas acuden ahora a los mismos sitios que ellos, vagan por las mismas calles y en sus poses, en su caminar se advierten nuevas determinaciones, razones de peso silenciadas durante años. Son sólo mujeres, nada menos que mujeres, nos dicen las fotos de Winogrand. Vistas sin artificios, con la mirada clara y levemente interesada del que pasea ocioso y abierto a la novedad del encuentro, siempre en el contexto amplio del gran angular, se revelan accesorias y pronto influyentes. Ya no tienen miedo a ser miradas, observadas por la calle. A veces cruzan con el fotógrafo un reojo y luego siguen siendo ellas mismas. Winogrand, la cuarta mirada en las calles, sólo buscaba estar a la altura de esas mujeres a las que fotografiaba. En Londres o en Nueva York, siempre consiguió el equilibrio.

                                    

                                  Francisco Ortiz

1
1 LISTA DE NOVEDADES
Recibe información de nuestras actividades.
 
2
 
1 ¿QUIERES SER SOCIO? CONTACTA CON NOSOTROS
Teléfono
: 950255274
Corréo electrónico : info@grupoindalofoto.com
Dirección :Grupo Indalofoto
c/ Zaragoza, 15 - 04001 - ALMERÍA
© Grupo Indalofoto