Clemente Bemad
Clemente Bemad es un fotógrafo
que siente interés por personas como los
jornaleros, los excluidos, los violentos o los
derrotados. Fotografía para opinar y siente
dolor cuando su cámara se equivoca y halla
belleza donde hay sufrimiento. Es tan necesario
ver sus fotos como saber qué pasa en nuestra
propia casa, o quizá por eso mismo: él
nos ayudará a explicarnos mejor qué ocurre
en Sevilla, Málaga, Bilbao o El Ejido.
-Se inició en fotografía acompañando
a su maestro, Koldo Chamorro, por toda España. ¿Cuándo
le conoció?
Me acababa de dar una beca el gobierno de Navarra
para hacer un trabajo sobre ritos funerarios del
País Vasco y me puse en contacto con él
para pedirle consejo. Conocerle fue algo muy importante,
porque él sabe administrar muy bien el tiempo,
el ritmo, y me ayudó mucho. Después
me dijo que si quería ir con él de
ayudante. Trabajaba para El País y hacía
fotografía de calle de una manera personal
y sin concesiones. Me abrió a un mundo nuevo,
diferente a lo que yo estaba acostumbrado a ver.
-Su visión como reportero no es la clásica.
Aparte de integrar otros ámbitos, lugares,
escenarios - algo que marca el devenir del tiempo
-, opta por mostrar no el acontecimiento directo
sino los huecos del mismo, el "instante entre instantes". ¿Es
una búsqueda deliberada?
No busco deliberadamente esos huecos, pero sí es
cierto que me gusta mucho buscar en esos momentos
en los que aparentemente no pasa nada. En un medio
tan evidente en apariencia como es la fotografía
creo que hay que luchar contra la obviedad.
-¿Cree que ha decaído la influencia
social de los reporteros, a causa de la presencia
constante de medios como la T.V., o puede haber
aumentado al serle otorgado a ese tipo de fotografía
el verismo que otras artes no tienen?
Debido a la profusión de imágenes,
cuando algunas fotos te llaman a pararte un poco
está muy bien porque puede hacerte pensar
y cambiar un poco el ritmo que llevas. Cartier-Bresson
me parece un poco el padre de los reporteros -creo
que se ha interpretado mal lo del instante decisivo,
que obedecía más quizá a algo
compositivo y emocional-. Y Robert Frank y William
Klein son muy importantes. Después hay muchos
que son un poco como hijos de estos, ¿no?
Y también están, aparte, Avedon,
Kertèsz. Cada uno de ellos tiene un bagaje
de conocimientos que ha definido su manera de mirar
el mundo. La fotografía plantea un problema
de actitud: tienes una cierta opinión sobre
el mundo y quieres decir unas ciertas cosas y echas
mano de la forma de expresarte que tienes y también
de tu bagaje intelectual. La forma refinada de
ser de Cartier-Bresson da, por ejemplo, un tipo
de composiciones exquisito. Hay dos fotos suyas
que me parecen sobresalientes. "Sevilla, 1989", "Málaga,
1988", que aparecieron en "Cuatro Direcciones" y...
... Que pertenecen a un mismo proyecto, aún
sin concluir, sobre los jornaleros andaluces. Tomé contacto
con el tema en Navarra, por gente de Andalucía
que va allí a coger espárragos. Con
este tema descubrí cómo me interesaba
contar las cosas. He fotografiado jornaleros en
Navarra y en Andalucía, en la vendimia en
Francia. Lo he elaborado sin prisa y sin pausa.
Me interesa una bien entendida lentitud. Viví en
El Coronil incluso. Casi medio año. Pero
esto no quiere decir que excluya otra forma de
trabajar, más de paso. Y le doy mucha importanci
a la selección: dependiendo de quién
o de qué manera se elige, puedes ser un
fotógrafo u otro muy distinto.
-Empezó con un tema singular: "Ritos funerarios
del País Vasco".
Sí. Siempre me han atraído temas
difíciles. Antes de empezar me lo planteé porque
era un poco un tema tabú. Luego me di cuenta
de que me había pasado y ahora recomiendo
no empezar por cosas complicadas. Sin experiencia,
sin saber cómo moverme, me metí en
un tema muy difícil. Meterme en un tanatorio,
asistir a un funeral me resultó realmente
doloroso y difícil. Tuve suerte de estar
entonces con Koldo Chamorro.
-¿Y "Euskadi dioux"?
Ese trabajo tiene un nombre en euskera que traducido
al castellano sería "Días de humo".
Es sobre el conflicto político en el País
Vasco. Vivo en Pamplona. Y me apetecía contar
la historia fijándome en lo que nadie mira:
la izquierda nacionalista. Contra esta izquierda
hay unas prevenciones informativas y visuales y
yo quiero contar lo que he visto y veo.
Es el tema más duro al que me he enfrentado,
a todos los niveles. Te planteas qué quieres
decir, éticamente cómo te sitúas,
cuál es tu condición -es mi casa,
no soy un extranjero-: sabiendo incluso que pasan
delante de ti fotos que podrías hacer y
que no puedes hacer, porque te juegas la cabeza.
He hecho proyecciones en Gijón, dentro de
la "Semana Negra", y en Arles, pero no se lo he
mostrado todo a nadie.