Manuel Bello
Manuel Bello estuvo presente en "Cuatro Direcciones".
No ha buscado nunca promocionarse ni ha provocado
las amistades ni los encuentros casuales para
fomentar su carrera fotográfica . Es
un gran fotógrafo que depende de sí mismo.
Nos ha dado hace poco un libro, "¿No
hay camino al Paraíso?, tras la exposición
organizada en Huétor-Vega (Granada),
- uno de los más interesantes lugares
de congregación de obras y autores de
la fotografía española actual-.
Nos vimos en casa de Manuel Bello, hablamos
durante unas horas , interrumpidos únicamente
por el sonido "apremiante" de los móviles:
como si estuviéramos aislados, nuestras
mujeres nos buscaban. Por culpa de ellas me
quedé sin ver la ¿Lomo? de Manuel,
la 'Minox' , más fotos suyas.

"Sí hay
camino al Paraíso", me dijo Manuel.
Después de una experiencia sentimental
que terminó con más preguntas
que respuestas, él se hizo ésta
pregunta y la contestó con imágenes.
Inquieto, Bello había empezando pintando
a los 19 años, pero "me daba mucha pereza
eso de estar en una habitación " en
una actitud inmóvil, a la espera. Fotografiar
le obligó a moverse. Trabajó en
una compañía de seguros y, como
tenía muchas horas libres, practicaba
con su cámara. Se fijo en Cartier Bresson
por "era lo más fácil de ver",
en Cristina García Rodero, pero creándose
un estilo propio. Robert Frank apareció más
tarde para corroborar aciertos propios más
que para marcarle un camino. "A mí me
interesan las pequeñas tragedias cotidianas
y me parece que eso es lo más difícil
de fotografiar. Una mujer que está en
su casa haciendo de comer, lavando, que va
al supermercado y vuelve. Y su vida se limita
a esto ¿Cómo la fotografía? Ése
es mi reto. Niños que pasan hambre,
la estética de lo cutre, eso es fácil".
Pero antes de atreverse al enfrentamiento
con sus inquietudes actuales, Manuel abandonó la
compañía de seguros, "llegué a
mi casa como cualquier día y se lo dije
a mi mujer", juntó dinero y se compró su
primera cámara, una 'Pentax MX' , practicó mientras
cobraba el paro, consiguió publicar
una foto en el "Diario de Granada". Lo tuvieron
a prueba y convenció al Director con
innovaciones técnicas y estéticas.
Sin usar más equipo que una cámara,
un '35 mm'. Y un '50 mm', respetando las luces
ambientales y las verdades de la realidad que
pueden ser falseadas con los trucos del oficio.
Se le vio ir a las ruedas de prensa con una
'Minox' para evitar el bolso y el exceso de
equipo, también para que la cámara
no fuera protagonista (como en un reportaje
que realizó en la cárcel). "Como
todo el mundo, yo tengo una parte trágica
y otra cómica", me dice.
Su cara, ahora, es mitad de vagabundo y mitad
de filósofo andaluz. Manuel habla de
que se ha casado y separado varias veces, me
cuenta qué importante es para él
su hijo (fotografiado en el libro), con quien
pasaba muchas horas. Cuando dejaron de estar
juntos, para superarlo "sumaba matriculas mientras
iba en el coche, contaba al revés..." Autoterapias.
De tanto estar en carne viva, pasándolo
verdaderamente mal, algo se desprende de uno
: este libro. Miramos la foto del niño
y él sigue hablando. Yo me fijo en las
arrugas vitales de su cara, pienso en la composición
que hace al niño aún más
pequeño, indefenso "Sentimientos".
Pero "la gente dejó de interesarme".
Por la crueldad de las personas, porque la
realidad deseada no coincide con la que nos
toca vivir. Porque, aún estando acompañado,
se sufre solo. La última vez que vio
a su hijo fue hace cuatro años. "El
libro me sirvió para hacer un inventario".
De su vida, de su vida con su hijo, su mujer,
con sensaciones sin rumbo. Porque "son historias
sin final".

Sus
influencias son los músicos, los poetas,
quienes abren puertas de la percepción:
Manuel Bello no quiere ver fotos y hacer fotos
con ellas en la memoria: prefiere oír
a Tom Waits, Nick Cave, que "nunca están
en las listas de números uno, pero siempre
los verás en los sitios importantes".
Hay una trascendencia a mano, una imposibilidad
de huida a la que se hace frente "tragándose
la angustia, avanzando, hasta que te preguntas ¿Habrá un
camino al Paraíso?", un Paraíso
que es "la paz, la tranquilidad, el equilibrio,
el sosiego... que las cosas te afecten, pero
lo justo". E insistiendo, " un día me
doy cuenta de cual es el camino al Paraíso.
El ensueño . Nada es verdad ni mentira.
Si tú estás mal, este sitio es
un infierno. Si tú estás bien,
este sitio es el Paraíso". Le planteo
mis dudas, que Manuel resuelve. Le pregunto
qué pasaría si la angustia generadora
de imágenes se traspasará al
espectador. "Es una angustia con esperanza".
La semana anterior le llamó un visitante
de la exposición en Granada y le participó su
emoción contemplando algunas fotos.
Querían comprárselas. Manuel
se las ha regalado. "Hay devoradores de fotos
y gente que va al alma de la foto". Muevo las
manos, le fotografío con las dos cámaras
que me he llevado a la entrevista, me retrepo
en la silla e interrogo a sus ojos mientras
sigue hablando. No es Manuel un creyente, un
místico. Sólo estoy ante una
persona que orilla la banalidad : con sus fotos
se pueda hablar de algo más que la técnica,
el momento decisivo o el encuadre revelador.
Se ha ganado sus arrugas a pulso, una a una,
con sufrimiento. Son arrugas vitales, de esas
que crea el tiempo con la luz y sin luz, con
sol y sin sol. Para Manuel la cámara
y la fotografía son un medio. "Me sugiere
más la noche. A estas horas. La penumbra".
Si encontramos desenfoques en sus fotos es
porque las circunstancias lo imponen, igual
que el movido; no hay un estilo forzado, porque
durante la mañana el resultado es claro,
luminoso. Sinceridad fotográfica. "Cuento
algo con un punto de seducción. Pero
lo que es, es. En mis fotos está lo
que yo siento, pero con un punto de estética
para que sean más atractivo". Me detengo. ¿Sinceridad,
mentira? "Hay mentiras que nos gustaría
que fueran verdad y mentiras que nos gusta
que sean mentiras. Se trata de que si es mentira,
te inquiete o te haga sentir", ya que es muy
difícil catalogar, hacer de un arte
como la fotografía un libro de citas
e improperios. Hablamos de Sally Mann, Sarah
Moon, Bernad Plossu ( y algunas de sus fotos
que yo considero autistas: Manuel aprecia más
que yo ciertas fotos que no acabo de entender
por qué Plossu, tan inteligente, no
elimina de sus libros), Robert Frank, Virxilio
Vieitez, Ricky Dávila (su trabajo de
Nueva York). Hablamos de las horas tardías, "las
que me envuelven". Dejó la prensa "porque
ya no me motivaba, porque no le gusta forzar
la aparición de imágenes". ha
abordado "la moda", aunque sin salirse de sus
gustos e inquietudes, sin obligarse a dar ningún
salto estilístico.
Manteniendo el alma "que se pueda leer poco
a poco la foto, que entre poco a poco". "La
sensibilidad es como un músculo y hay
quien lo ha desarrollado mucho y quien lo ha
desarrollado poco. Por ejemplo, pasa con la
foto de la mujer del ascensor de Robert Frank.
Si has desarrollado poco el músculo,
te pasa desapercibida". ¿En que piensa
esa mujer cuya vida se limita a abrir y cerrar
las puertas del ascensor, su angustia, como
se disfraza y expresa durante las horas de
trabajo? Tragedias pequeñas, cotidianas, "que
te rinden poco a poco, te deterioran". Estoy
de acuerdo contigo, Manuel: eso está mas
allá de la película y el revelado,
de hacer fotos con cámaras o con ordenadores "ambulantes":
son fotos de la sensibilidad y de la mirada.
Tengo delante de mi las ocho o diez fotos
que le hice a Manuel el día de la entrevista.
Elijo dos. Las que acompañan a este
texto. Las miro.
Si: es Manuel Bello.
Francisco Ortiz. Granada