Maria Luisa Jiménez Burkhardt
Hija de español
y suiza, buena amiga de sus amigos, con
su casa abierta para ellos -incluyendo
su laboratorio-, como en las horas de fotografía
o de flamenco. Hace algunos meses, presentó su
primera exposición, en el Auditorio, "La
magia del flamenco": retratos, expresiones,
quejíos y la explosión de
lo profundo.

¿Por qué ese
título?
El flamenco tiene magia: el cante, el baile
y toda la gente del flamenco. Pero hace falta
mucha técnica para retratarlo. También
habría que estar mucho más
dentro del flamenco de lo que yo estoy. Esporádicamente
voy a actuaciones o nos reunimos en mi casa,
pero para fotografiar toda la magia habría
que vivir dentro del flamenco. Yo llegué a él
gracias a mi marido. Veo la magia en su espontaneidad.
La gente que canta, que baila, no ha estudiado,
no tiene normas, esquemas. Y todo lo que
sale de ellas es arte. Y, en la medida en
que sale de su interior, es más magia.
Captar esto es muy difícil.
¿Qué tipos de fotografía
practicas?
Fotografío lo que veo, lo que me
atrae. Algo que tiene algún tipo de
sensibilidad musical, artística, estética,
humana. Empecé hace ya años,
pero no dispongo de tiempo y sé que
me falta técnica. Tuvo mucho que ver
al principio, Manuel Falces, que es amigo
mío. Me decía, pon la máquina
de esta manera o de la otra. Luego, Jaime
me ayudó también a mejorar
con la copia en la mano, fijándome
en la luz. Lo del blanco y negro es porque
yo revelo y porque me gusta mucho más
que el color.
¿Cuándo empezaste
a hacer fotos de flamenco?
Iba con mi marido a actuaciones flamencas,
pero no hacía fotos por respecto a
la gente que cantaba y bailaba, porque no
sabía si les podía molestar.
Cuando fui afianzando la amistad con ellos,
les pedía permiso y a ellos no solo
no les importaba, sino que les gustaba. Tampoco
es que cada vez que vaya a una actuación
haga ya siempre fotos, porque me tiene que
surgir la necesidad.

¿Qué te gusta más
del flamenco?
Me gusta más el baile que el cante.
Quizá porque siempre me ha gustado
bailar.
¿Qué fotógrafos
te han influido?
Los que me gustan no tienen nada que ver
conmigo. Sebastiao Salgado, Cartier Bresson.
Admiro mucho la rapidez de reflejos para
captar ciertos momentos. Yo no hago fotos
por hacerlas. Espero. A veces hasta diez
minutos. Y me gustaría tener la técnica
de esos maestros. Hasta que me llena, no
puedo hacer la foto.
¿El flamenco
es para color o para blanco y negro?
El flamenco sí, el baile no. El Baile
quizá es más para color. Están
los trajes, el movimiento.
¿Qué impresión
han tenido los retratados de tu exposición?
Estoy contenta, porque les ha gustado verse.
¿Quiénes
son?
Gente famosa, que ha venido a Almería,
como Sara Baras, Canales, Cabrero, a los
que conozco. Y también los flamencos
locales, que son todos amigos míos:
Niño Josele, el Pescaito, el Niño
de las Cuevas, María del Mar La Rabota,
Diego, que era un guitarrista amigo nuestro.
Murió. Hay de él una sola foto,
pero para mí tiene un significado
muy emotivo. El estuvo en mi casa una noche
que fue mágica, verdaderamente mágica,
y yo estaba tan enamorada de su toque que
le hice fotos toda la noche. A los tres meses
le detectaron un cáncer y murió.
Diego tocaba maravillosamente. Quiso ser
profesor del Conservatorio de Música
de Almería y no se lo permitieron
porque no tenía estudios, no tenía
títulos. Tocaba mejor que nadie, pero
no tenía títulos. Igual le
pasa al Niño de la Manola, que al
no tener títulos no ha podido acceder
a la plaza.
Es una de las imbecilidades que a menudo
se dan. Y también una de las cosas
por las que me gusta la fotografía,
pues no necesitas título ni para hacer
una exposición ni para nada.
Pero el mundo está hecho así:
de muchas imbecilidades. Y desgraciadamente
domina la imbecilidad y el titulismo.

¿Cómo
crees que está el nivel del
flamenco almeriense?
El nivel es muy alto. Conozco a cantaores
y bailaores de otros sitios y he
estado en actuaciones en otras provincias.
Y sé que en Almería hay muy
buenos cantaores y guitarristas, sobre todo.
Pero, a pesar de que valen mucho, muy pocos
viven del flamenco. Hay peñas, y se
mantienen, pero dentro de ellas falta gente,
faltan aficionados.
Incluso cuando sueña, fotografía
en blanco y negro. María Luisa, que
sueña con volar, que soñaba
con volar, tiene mucha gente a su alrededor
a la que quiere. La cámara también:
hay que frecuentarla, no dejarla durante
mucho tiempo para que no se vuelva una extraña.
Con ella aún tiene que hacer muchas
fotos, incluida una al Negrillo arrancándose
a bailar. La misma que no pudo hacer aquel
día que no se llevó consigo
a una actuación a esa amiga,
la cámara.
Texto
y Fotos: Francisco Ortiz